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16 de octubre de 2007. Al intervenir en la ceremonia del Día Mundial de la Alimentación, cuyo tema es este año el Derecho a la Alimentación, el Director General de la FAO, Jacques Diouf, se preguntaba: ¿si nuestro planeta produce alimentos suficientes para mantener a toda la población mundial, por qué 854 millones de personas todavía se van a dormir con el estómago vacío?, y añadió «un derecho no es un derecho si no puede ser exigido». El presidente de Alemania, Horst Köhler, aseguró que «el hambre no es un destino sin escapatoria, puede ser eliminada con las políticas adecuadas». Ello requiere que los Gobiernos de los países en desarrollo conviertan la seguridad alimentaria en una prioridad. «Todo el mundo –añadió- tiene derecho a alimentos sanos producidos de forma sostenible y apropiados a su cultura. La participación democrática es la mejor garantía de que los Gobiernos entenderán las necesidades básicas de la gente y las tomarán en cuenta». También afirmó que la población debería contar con una cantidad suficiente de alimentos de producción propia y de zonas cercanas, lo que requiere un tipo de agricultura basado en la propiedad de la tierra, estructuras eficaces y conocimientos locales. Por su parte el Presidente de Tanzania, Jakaya Mrisho Kikwete, recordó que «cada día mueren 40 000 niños en el mundo a causa de la malnutrición y las enfermedades relacionadas. Son las personas a las que se les está negando el derecho a alimentarse. Son las personas a las que se dedica este año el Día Mundial de la Alimentación». Añadió que la solución definitiva pasa por la mejora de la agricultura, en especial en África. En un mensaje leído durante la ceremonia, el Papa Benedicto XVI aseguró que la alimentación es un derecho universal para la humanidad sin que pueda haber distinción o discriminación, por lo que pidió «a todos los miembros de la sociedad que garanticen el derecho a la alimentación, cuyo incumplimiento es una violación de la dignidad humana». A pesar del hecho de que el Derecho a la Alimentación fue incluido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por las Naciones Unidas en 1948, el compromiso para hacer cumplir este derecho ha sido solamente gradual. Sin embargo, Diouf señaló que «si las campañas nacionales para implementar el derecho a la alimentación habrían sido impensables tan solo hace una década, ya están dando sus frutos. En Brasil, por ejemplo, este derecho se haya ahora firmemente asentado, y el hambre está en retroceso». La FAO ha estado trabajando con gobiernos y organizaciones no gubernamentales para promover una serie de directrices y un marco adecuado destinado a ayudar a los responsables de políticas y otras partes implicadas a garantizar el derecho a la alimentación. […] «El crecimiento demográfico, el cambio climático y el precio de los productos básicos parecen estar trabajando en contra nuestro en estos momentos, amenazando con convertirse en una tormenta perfecta con una abrumadora situación de necesidad. Pero existe la esperanza de poder acabar con el hambre, y la ciencia y la educación están de nuestra parte», señaló en un mensaje Josette Sheeran, Directora Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA), quien estuvo presente en la ceremonia. «Tres cuartas partes de los mil millones de personas que viven en condiciones de extrema pobreza lo hacen en áreas rurales», advirtió el Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), Lennart Båge. «Muchos –añadió- sufren ya de hambre y malnutrición, pero hay problemas nuevos y crecientes, como el cambio climático que les hace todavía más vulnerables. Por ello ahora, más que nunca, el mundo tiene una urgente obligación moral de invertir en desarrollo agrícola como forma de combatir el hambre y devolver la dignidad a los pobres».
Todavía hay demasiados hambrientos
Once años después de la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996, la cifra de personas desnutridas en el mundo permanece inaceptablemente alta, con 820 millones de personas en los países en desarrollo, 25 en los de economías de transición y 9 millones en los países industrializados. Como resultado, la promoción del derecho a la alimentación no es tan solo un imperativo moral o una inversión con grandes beneficios económicos, es un derecho humano básico. Al mismo tiempo, cada vez se pone mayor presión en el suministro de alimentos y productos básicos como el trigo y la leche, cuyos precios han subido debido principalmente a una combinación de factores como las fluctuaciones meteorológicas debidas al cambio climático y que afectan a las cosechas, el avance de los biocombustibles y la creciente demanda de los nuevos mercados emergentes.
Eventos del Día Mundial de la Alimentación en el mundo
El Día Mundial de la Alimentación se celebra anualmente en 150 países. Entre los eventos más destacados este año figura una vigilia a la luz de las velas que comienza en el Pacífico sudoccidental y se desplaza alrededor del globo para atraer la atención sobre el problema del hambre; conciertos musicales en El Cairo, Roma y Bamako, entre otras ciudades, eventos deportivos como la Carrera por Alimentos que tiene lugar en Roma y Turín y encuentros de fútbol profesional en España dedicados a concienciar sobre el Día Mundial de la Alimentación. En ocasión de esta celebración, Universidades de Italia, Irlanda e Irán han establecido institutos o puesto en marcha cursos universitarios sobre el derecho a la alimentación. •
Fuente: www.fao.org/newsroom/es/news/2007/1000680/index.html
Mensaje del Director General de la FAO, Jaques Diouf
Como tantas veces hemos reiterado, nuestro planeta produce alimentos suficientes para nutrir adecuadamente a toda su población. No obstante, hoy, 854 millones de mujeres, hombres y niños pasarán la noche con el estómago vacío. Para poder dar voz a las personas menos favorecidas, este año se ha elegido el tema «El derecho a la alimentación» para el Día Mundial de la Alimentación. Este tema refleja la creciente toma de conciencia internacional del papel determinante que desempeñan los derechos humanos en la erradicación del hambre y la pobreza. Reconocido por vez primera en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, el derecho a la alimentación se ha visto progresivamente reforzado gracias a la aprobación de diversas medidas internacionales. Mediante la ratificación del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 156 Estados aceptaron el derecho a la alimentación como una obligación jurídica. El derecho a la alimentación aparece reflejado cada vez más en las constituciones nacionales, textos legislativos, reglamentos y estrategias. Con el fin de que todos los ciudadanos puedan ejercer más fácilmente sus derechos, los programas sociales proporcionan más medios para reclamar el derecho a la alimentación. En este contexto, la información es un elemento clave. Es necesario que la población sea consciente de sus derechos y de los medios de que disponen para reivindicarlos y, al mismo tiempo, es necesario que los funcionarios conozcan sus obligaciones y cómo cumplirlas. Si bien las obligaciones jurídicas corresponden al Estado, todos los miembros de la sociedad – individuos, organizaciones, ONG y el sector privado – tienen responsabilidades con respecto al derecho a la alimentación. Liberar del hambre a la humanidad es uno de los objetivos fundamentales establecidos en la Constitución de la FAO. En la Cumbre Mundial sobre Alimentación, celebrada en 1996, los Jefes de Estado y de Gobierno reafirmaron «el derecho de toda persona a tener acceso a alimentos sanos y nutritivos, en consonancia con el derecho a una alimentación apropiada y con el derecho fundamental de toda persona a no padecer hambre». Asimismo, se comprometieron a implementar este derecho en su totalidad y a realizarlo de manera gradual con el fin de garantizar la seguridad alimentaria para todos. Con el objetivo de fomentar la puesta en práctica de este compromiso, el Consejo de la FAO aprobó en 2004 las Directrices voluntarias en apoyo de la realización progresiva del derecho a una alimentación adecuada en el contexto de la seguridad alimentaria nacional. Estas directrices sirven de puente entre el reconocimiento jurídico de este derecho y su realización efectiva, ya que proporcionan a los gobiernos y a la sociedad civil un conjunto coherente de recomendaciones. A pesar de los progresos conseguidos, la puesta en práctica del derecho a la alimentación sigue constituyendo un reto para los países y los expertos en desarrollo. A partir de las Directrices sobre el derecho a la alimentación, se ha elaborado un marco para implementar el derecho a la alimentación en cada país. El Día Mundial de la Alimentación proporciona una oportunidad excelente para que los países hagan balance de las medidas que han tomado y de los resultados obtenidos. Asimismo, es una ocasión idónea para debatir y llegar a un acuerdo sobre los nuevos pasos necesarios para poner en práctica de manera gradual el derecho a la alimentación. El derecho a la alimentación requiere un cambio de percepción: debe dejar de entenderse como un acto caritativo y empezar a considerarse un derecho. Garantizar que todos los seres humanos dispongan de un suministro adecuado y regular de alimentos es algo más que una obligación moral y algo más que una inversión con la que se puedan obtener unos beneficios económicos potencialmente elevados: es la realización de un derecho humano fundamental, y el mundo tiene los medios para ponerlo en práctica. Esta noción, nacida en el siglo XX, debería materializarse en el siglo XXI. Por ello, en este Día Mundial de la Alimentación de 2007, les invito a que se unan a mí para hacer del derecho a la alimentación una realidad tangible para todos. •
Fuente: www.fao.org
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI
Excelentísimo Señor Jacques Diouf, Director General, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
1. Este año la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que usted dirige, al recordar una vez más su fundación, invita a la Comunidad internacional a tratar sobre uno de los desafíos más graves de nuestro tiempo: liberar del hambre a millones de seres humanos, cuyas vidas están en peligro por falta del pan cotidiano. El tema elegido para esta Jornada, “El derecho a la alimentación”, abre idealmente las reflexiones que la Comunidad internacional se prepara a hacer con ocasión de las celebraciones por el 60° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Esta coincidencia ayuda a pensar en la importancia que el derecho a la alimentación tiene para la feliz consecución de otros derechos, empezando ante todo por el derecho fundamental a la vida. Debemos constatar que los esfuerzos realizados hasta ahora no parecen haber disminuido significativamente el número de hambrientos en el mundo, a pesar de que todos reconocen que la alimentación es un derecho primario. Esto es debido quizás a que se tiende a actuar motivados, sólo o principalmente, por consideraciones técnicas y económicas, olvidando la prioridad de la dimensión ética del “dar de comer a los hambrientos”. Esta prioridad atañe al sentimiento de compasión y solidaridad propio del ser humano, que lleva a compartir unos con otros no sólo los bienes materiales, sino el amor del que todos tenemos necesidad. Efectivamente, damos demasiado poco si sólo ofrecemos cosas materiales. 2. Los datos disponibles muestran que el incumplimiento del derecho a la alimentación se debe no sólo a causas de tipo natural sino, sobre todo, a situaciones provocadas por el comportamiento de los hombres y que desembocan en un deterioro general de tipo social, económico y humano. Cada vez son más numerosas las personas que, a causa de la pobreza o de conflictos sangrientos, se ven obligadas a dejar sus casas y sus seres queridos para buscar sustento fuera de su tierra. No obstante los compromisos internacionales, muchas de ellas son rechazadas. Es necesario, por tanto, que madure entre los miembros de la Comunidad de las Naciones una conciencia solidaria que considere la alimentación como un derecho universal de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones. 3. El objetivo de erradicar el hambre y, al mismo tiempo, contar con una alimentación sana y suficiente, requiere también métodos y acciones específicas que permitan una explotación de los recursos que respete el patrimonio de la creación. Trabajar en esta dirección es una prioridad que conlleva no sólo beneficiarse de los resultados de la ciencia, de la investigación y de las tecnologías, sino tener también en cuenta los ciclos y el ritmo de la naturaleza conocidos por la gente de zonas rurales, así como proteger los usos tradicionales de las comunidades indígenas, dejando a un lado razones egoístas y exclusivamente económicas. El derecho a la alimentación, por lo que implica, tiene una repercusión inmediata tanto en su dimensión individual como comunitaria, que afecta a pueblos enteros y grupos humanos. Pienso de modo particular en la situación de los niños – primeras víctimas de esta tragedia –, retrasados a veces en su desarrollo físico y psíquico y, en tantas ocasiones, obligados a un trabajo forzado o alistados entre los grupos armados a cambio de recibir unos pocos alimentos. A este respecto, pongo mi esperanza en las iniciativas que se han emprendido a nivel multilateral para favorecer la alimentación escolar y que permiten a comunidades enteras, cuya supervivencia está amenazada por el hambre, mirar con mayor confianza hacia su futuro. Es apremiante, pues, un empeño común y concreto en el que todos los miembros de la sociedad, tanto en el ámbito individual como internacional, se sientan comprometidos a cooperar para hacer posible el derecho a la alimentación, cuyo incumplimiento constituye una violación evidente de la dignidad humana y de los derechos que derivan de ella. 4. El conocimiento de los problemas del mundo agrícola y de la inseguridad alimenticia, la capacidad demostrada para proponer planes y programas de solución, son un mérito fundamental de la FAO y dan testimonio de una aguda sensibilidad por las aspiraciones de cuantos reclaman condiciones de vida más humanas. En este momento en el que hay tantos problemas de esta índole, aunque también se entrevén nuevas iniciativas que pueden contribuir a aliviar el drama del hambre, les aliento a ustedes a seguir trabajando para que se garantice una alimentación que responda a las necesidades actuales y así cada persona, creada a imagen de Dios, pueda crecer según su verdadera dimensión humana. La Iglesia Católica se siente cercana a ustedes en este esfuerzo y, a través de sus diversas instituciones, desea continuar colaborando para sostener los anhelos y las esperanzas de aquellas personas y pueblos hacia los cuales se dirige la acción de la FAO. Éstas son, Señor Director General, algunas reflexiones que deseo proponer a la atención de quienes, con diferentes responsabilidades, trabajan para ofrecer a la familia humana un porvenir libre del drama del hambre, a la vez que invoco sobre ustedes y sobre sus trabajos la constante bendición del Altísimo. •
Vaticano, 4 de octubre de 2007 Benedictus PP. XVI
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